La neurociencia cognitiva ha demostrado que nuestra mente no almacena la experiencia diaria de forma continua, sino fragmentada en episodios concretos.
Al atravesar un umbral físico, el cerebro interpreta el cambio de entorno como el cierre de un evento y el inicio de uno nuevo, archivando la información inmediata para dar prioridad a los estímulos del recinto recién ingresado.












