Desde la biomecánica de impactos y la traumatología, un empujón sorpresivo hacia una persona de la tercera edad anula por completo cualquier reflejo de apoyo o defensa debido al deterioro natural en los tiempos de respuesta del sistema nervioso.
A mayor edad, la densidad ósea disminuye significativamente y la masa muscular que actúa como amortiguador se reduce, por lo que toda la energía cinética de la caída se descarga de lleno sobre articulaciones extremadamente frágiles.












