Con una cuerda amarrada a la cintura como único soporte, el rescatista se adentró en las aguas turbulentas para frenar el avance del animal antes de que fuera tragado por el caudal.
La corriente en las zonas de desagüe o vertederos de una presa genera una presión enorme y un arrastre constante que fácilmente puede sumergir tanto a un animal como a un adulto.