Vas a un restaurante de moda, ordenas una hamburguesa o un postre y te lo traen bañado en una cantidad obscena de queso derretido o chocolate chorreando que se ve espectacular ante la cámara. Sacas tu celular de inmediato, grabas el reel perfecto para tus redes sociales, pero al momento de darle la primera mordida te das cuenta de que la comida está fría, desabrida y te costó el triple de su valor real. Lamento decirte que no tienes mal paladar, simplemente fuiste una víctima más del diseño gastronómico algorítmico que domina el internet.