La operación, asistida y supervisada minuciosamente por adultos desde la superficie, aprovechó las dimensiones reducidas del infante para permitirle ingresar al hueco donde la envergadura de un adulto resultaba inviable.
Con notable serenidad, el pequeño se abrió paso entre las paredes de la cavidad hasta sujetar al animal con ambas manos, permitiendo que los rescatistas los izaran a ambos sanos y salvos.