A pesar de que los torrentes pluviales rebasaron la capacidad del alcantarillado urbano e irrumpieron en la planta baja del establecimiento —elevando rápidamente el nivel del agua turbia por encima de los tobillos de los presentes—, la clientela exhibió una imperturbable tranquilidad.
Las imágenes del suceso documentan el asombroso contraste entre el mobiliario parcialmente sumergido y los comensales, quienes, lejos de evacuar la zona de riesgo hidro-sanitario, continuaron degustando sus platillos con total normalidad y conversando como si se tratara de un día cualquiera.












