La violencia del accidente y la rapidez del hundimiento provocaron la muerte de al menos 84 personas —entre las cuales se contabilizan trágicamente a 18 niños—, mientras que los cuerpos de emergencia han logrado poner a salvo a 77 supervivientes.
El siniestro sacó a la luz una flagrante violación a las normativas de seguridad vial y marítima: aunque el ferry contaba con una autorización oficial para transportar a un máximo de 90 pasajeros, estimaciones e informes de los equipos de rescate señalan que la nave navegaba peligrosamente sobrecargada con hasta 153 personas a bordo.