Desde la biología marina y la fisiología de elasmobranquios, el varamiento de un pez de esta magnitud representa una carrera contrarreloj letal antes de que su propio cuerpo colapse por completo.
Las especies marinas gigantes dependen de la flotabilidad hidrostática que les brinda el agua para sostener sus órganos internos; al quedar sobre la tierra firme, la fuerza de gravedad hace que el peso masivo del animal —que fácilmente puede superar las diez o quince toneladas— aplaste su cavidad abdominal, colapsando su sistema circulatorio y destrozando sus vasos sanguíneos por su propia presión muscular.