Este hallazgo, provocado por un proceso llamado cavitación, demuestra que la vegetación produce señales acústicas imperceptibles para el oído humano, pero detectables por animales y otras plantas. El descubrimiento abre nuevas posibilidades para la agricultura de precisión, al permitir identificar el momento exacto en que los cultivos necesitan riego, optimizando el uso del agua y transformando nuestra comprensión de la comunicación vegetal.