Bajo la falsa y brillante promesa de “ser tu propio jefe”, miles de repartidores y choferes pasan hasta 14 horas seguidas devorando asfalto de madrugada solo para juntar un sueldo de supervivencia.
En este modelo no hay descansos reales; viven con la urgencia constante de que el algoritmo los castigue o les baje la calificación si se atreven a desconectarse.












