El problema está explotando en las grandes ciudades, en donde una generación entera de niños está creciendo encerrada en departamentos que parecen cajas de zapatos.
Al pasar el día entero atrapados entre cuatro paredes, con la vista clavada en tabletas y celulares a unos escasos centímetros de la cara en lugar de jugar corriendo al aire libre, estamos provocando una mutación física y acelerada en la forma de sus ojos. Nos estamos adaptando al encierro a costa de nuestra visión.












