Hombres y mujeres jóvenes, fuertes, sin ningún tipo de antecedente de diabetes o presión alta, están llegando a los hospitales con los riñones completamente apagados y destrozados.
La causa es escandalosamente evitable: trabajar jornadas extenuantes bajo un sol que derrite el asfalto, obligados a cumplir cuotas de producción altísimas sin derecho a pausas para descansar en la sombra, bajo la amenaza constante de perder el pago del día.