Respaldadas por concesiones eternas que les entrega el gobierno, estas empresas tienen permiso legal para clavar gigantescas bombas industriales en la tierra y exprimir millones de litros de agua profunda a diario, pagando tarifas que son, literalmente, una burla al ciudadano común.
Este saqueo silencioso tiene consecuencias catastróficas que ya podemos ver y pisar.